27M | EL DÍA QUE SAN ROQUE APRENDIÓ A DOLER

27M | EL DÍA QUE SAN ROQUE APRENDIÓ A DOLER

Hay días que se quedan a vivir para siempre en la memoria de un pueblo como el nuestro. Días que no pasan, que no envejecen, que no se diluyen con el tiempo. El 27 de marzo de 2012 es uno de ellos.

Aquella mañana amanecía como tantas otras en San Roque. El ritmo habitual, la rutina sencilla, el mate temprano, los caminos conocidos. Tres docentes emprendían su viaje diario hacia Chavarría, con la vocación intacta, con el compromiso silencioso de enseñar, de formar, de dejar huellas. Como todos los días. Como si la vida fuese, todavía, una promesa.

Pero la Ruta 123, esa misma que tantas veces fue tránsito de sueños y deberes, se convirtió en escenario de una tragedia imposible de dimensionar. En un instante, todo se quebró. El tiempo se detuvo. Y el dolor empezó a escribirse en plural.

Marta Beatriz Gómez, Sandra Noemí Ojeda y Elisabet Alejandra Recalde no llegaron a su destino. Pero dejaron algo más profundo que cualquier llegada: una marca imborrable en la historia emocional de San Roque.

Ese día, el pueblo cambió de color. Se volvió gris, espeso, pesado. Como si el cielo hubiera decidido acompañar el luto de la tierra. No hubo rincón ajeno al dolor. Cada casa, cada vereda, cada mirada llevaba la misma pregunta sin respuesta. La tristeza no era individual, era colectiva. Era de todos.

El velatorio en el Club Centro Recreativo Juventud no fue solo una despedida. Fue un abrazo multitudinario. Fue el pueblo entero diciéndoles gracias. Fue el silencio respetuoso de quienes no encontraban palabras, pero sí lágrimas. Allí, San Roque se hizo uno solo: un solo dolor, una sola memoria, un solo latido herido.

Pasaron 14 años. Y, sin embargo, hay ausencias que no aprenden a doler menos. Se acomodan, sí, en algún rincón del alma, pero nunca dejan de estar. Porque hay pérdidas que no se superan, se aprenden a llevar.

Hoy, al recordarlas, no solo evocamos la tragedia. Evocamos su entrega, su vocación, su andar cotidiano por los caminos de la enseñanza. Evocamos lo que dejaron en cada alumno, en cada aula, en cada historia que ayudaron a construir.

El 27 de marzo no es solo una fecha. Es una herida abierta en la memoria de San Roque. Pero también es un recordatorio de lo que significa ser comunidad: estar, acompañar, sostener.

Porque hay nombres que el tiempo no borra.
Y hay maestras que, aun en la ausencia, siguen enseñando.