24 DE MARZO | POR LA MEMORIA COMPLETA

24 DE MARZO | POR LA MEMORIA COMPLETA

Hay fechas que no admiten la indiferencia. El 24 de marzo, en la Argentina, es una de ellas. Cada año, el país se detiene, aunque sea por un instante, frente al abismo que supo construir durante el último golpe de Estado, aquel que dio inicio al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Un período oscuro, atravesado por el miedo, el silencio y la muerte.

Pero recordar no es solamente repetir un discurso. Recordar es, ante todo, comprender, y para ello es necesaria la exigencia de una mirada amplia, incómoda, completa.

Durante esos años, el Estado argentino llevó adelante un plan sistemático de represión ilegal que dejó como saldo miles de desaparecidos, familias rotas y una herida que aún hoy no termina de cerrar. Eso es innegable. No hay matices posibles frente a la violación de los derechos humanos desde el aparato estatal. No hay justificación moral ni política para el secuestro, la tortura y la desaparición de personas. Nunca.

 

 

Sin embargo, también es cierto que aquella tragedia no nació en el vacío. La Argentina de los años 70 ya venía desgarrada por la violencia política. Organizaciones armadas como Montoneros o el Ejército Revolucionario del Pueblo, quienes habían elegido el camino de las armas, sembrando miedo, con atentados, secuestros y muertes. Definitivamente, estos no formaban parte de expresiones románticas de una juventud idealista, eran estructuras que buscaban imponer un modelo político por la vía violenta, desconociendo las reglas de la democracia.

Es menester decir, además, que esto, bajo ningún punto de vista, es justificar lo que vino después, es simplemente, negarse a contar una historia incompleta.

Porque cuando la memoria se vuelve selectiva, corre el riesgo de transformarse en relato. Y cuando eso ocurre, deja de ser memoria para convertirse solo en una herramienta de confrontación y la sociedad argentina requiere de algo mucho más profundo, necesita de una memoria honesta, sin omisiones, sin atajos, sin conveniencias.

Entonces, el terrorismo de Estado fue infinitamente grave, porque fue el propio Estado, el que se convirtió en verdugo. Pero eso no borra la existencia de una violencia previa, que también dejó víctimas, que también desgarró familias y que también merece ser recordada.

Hablar de “memoria completa” no es equiparar responsabilidades. Es, justamente, diferenciarlas con claridad, pero sin negar ninguna parte de la historia. Es reconocer que la Argentina cayó en una espiral de violencia donde todos perdieron, y donde el precio lo pagó, como siempre, la sociedad.

El desafío, a cinco décadas, no debería ser solo el de recordar, sino además el de aprender y de entender que ningún proyecto político, de izquierda o de derecha, puede construirse sobre la violencia, el odio o la eliminación del otro. Que la democracia no es solo un sistema de gobierno, sino un compromiso ético con la vida, la ley y la convivencia.

Este 24 de marzo debería invitarnos a eso, a una reflexión sincera. A salir de los discursos cómodos. A animarnos a mirar la historia de frente, completa, sin recortes.

Porque un país que recuerda a medias, entiende a medias. Y un país que entiende a medias, está condenado a repetir sus errores.

F.P