“EL PRÓCER QUE INVENTÓ EL DECRETO” - Por Wilfredo Oviedo

“EL PRÓCER QUE INVENTÓ EL DECRETO” - Por Wilfredo Oviedo

El título recayó en Mario Bofill, un artista querido, carismático, entrañable, capaz de conmover a generaciones enteras con una guitarra y una historia.

Nadie discute eso. Lo que se discute es el título.

Porque “prócer” no es un reconocimiento cultural: es una categoría histórica.

Los próceres son figuras fundacionales de la Nación, arquitectos de la independencia, constructores del Estado: San Martín, Belgrano, Güemes.

Ese es el territorio semántico.

Convertir a un músico en “prócer” no es un homenaje: es una inflación simbólica que revela más del poder que del artista.

El chamamé tiene sus patriarcas, sí. Pero no se llaman por decreto.

Se llaman Isaco Abitbol, Tránsito Cocomarola, Ernesto Montiel, Salvador Miqueri, Ramona Galarza, Tarragó Ros, y una lista que no entra en ningún escenario.

Son los que fundaron el género, los que lo estructuraron, los que lo hicieron posible.

Y ninguno necesitó un decreto para ser lo que ya eran.

Mario Bofill es enorme, pero no es el origen.

Es un heredero brillante, un cronista popular, un artista que conecta como pocos.

Pero “prócer” lo coloca por encima de quienes crearon el chamamé.

Y eso, históricamente, no se sostiene.

La escena se vuelve más elocuente cuando se recuerda que Salvador Miqueri cumplió 100 años.

¿Hubo decreto? ¿Hubo medalla? ¿Hubo homenaje central? ¿Hubo transmisión oficial?

La respuesta es conocida.

La memoria cultural no la define la historia: la define el poder.

Y el poder elige a quién sube al escenario y a quién deja en silencio.

La ceremonia tuvo todos los elementos del manual: la lectura del decreto, la medalla diseñada por Pallarols, la imagen de San Martín, la ovación del público, la foto institucional. Un dispositivo perfecto donde la cultura funciona como escenografía y el artista como legitimador involuntario.

En Corrientes, el chamamé es eterno, pero la política siempre quiere apropiarse de lo que no creó.

Y cuando la política reparte títulos que la historia nunca otorgó, no está homenajeando: está administrando prestigio.

Corrientes ya no distingue a los próceres: se los fabrica. Y mientras la historia siga dependiendo del decreto de turno, los verdaderos fundadores del chamamé seguirán en silencio, mientras el poder se cuelga medallas que no le pertenecen.

Willy Oviedo