8 DE MARZO | DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: HONRAR, NO FESTEJAR
Cada año, cuando llega el 8 de marzo, el calendario nos recuerda el Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, también en esta fecha aparece la misma confusión, ¿se trata de una celebración o de una jornada de reflexión y reconocimiento?
En muchas localidades de la provincia de Corrientes, como sucede en distintos puntos del país, los municipios organizan actividades para esta fecha, sorteos, reuniones sociales, agasajos, espectáculos y encuentros festivos. Son iniciativas que, en apariencia, buscan reconocer a las mujeres. Pero en ese intento, muchas veces se pierde de vista el verdadero sentido de esta jornada.
El 8 de marzo no nació como una fecha para festejar. No es un cumpleaños colectivo ni una excusa para brindar. Su origen está profundamente ligado a la lucha histórica de las mujeres por derechos básicos, condiciones dignas de trabajo, igualdad salarial, participación política y reconocimiento social.

Recordar esto no implica quitar valor a los gestos de reconocimiento o a los encuentros comunitarios. Al contrario, significa darles un sentido más profundo. Porque el Día Internacional de la Mujer no debería ser solamente un momento de celebración, sino una oportunidad para reflexionar sobre el camino recorrido y, sobre todo, sobre el que aún falta transitar.
Honrar a la mujer implica mucho más que un evento o un sorteo. Implica reconocer el rol fundamental que desempeña en la familia, en el trabajo, en la educación, en la política y en la vida comunitaria. Implica también asumir que durante décadas, y aún hoy, muchas mujeres han tenido que abrirse paso en ámbitos donde las oportunidades no siempre fueron iguales.
El verdadero homenaje no está únicamente en una actividad organizada por una institución. Está en el respeto cotidiano, en las oportunidades equitativas, en la valoración de su trabajo y en la construcción de una sociedad donde el reconocimiento no sea una excepción anual, sino una práctica permanente.
En ese sentido, el 8 de marzo debería invitarnos a pensar qué lugar ocupan hoy las mujeres en nuestras comunidades. En nuestros municipios, en nuestras instituciones, en nuestras empresas, comercios y también en nuestros hogares. Porque honrar a la mujer no es un acto simbólico de un solo día, es una responsabilidad colectiva que se ejerce todos los días del año.
Tal vez por eso, más que hablar de festejos, deberíamos hablar de reconocimiento. Más que de celebraciones, de memoria. Y más que de regalos, de respeto.
Porque el Día Internacional de la Mujer no es una fiesta. Es una fecha para recordar, valorar y honrar.






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