"ITATÍ, EL CORAZÓN CREYENTE DEL CORRENTINO"
El 9 de julio no es solo fecha patria. Para el correntino católico, es también una fecha sagrada, es el día de la Virgen de Itatí. Mientras en todo el país se iza la bandera celeste y blanca recordando la independencia argentina, en Corrientes, esa misma bandera ondea al costado del altar, frente a una imagen que está en el corazón del pueblo, la Virgen morena de Itatí.
Allí, a orillas del Paraná, se alza la Basílica, majestuosa, imponente. No hay otro lugar que condense tanta fe, tantas promesas, tanto agradecimiento. No es simplemente un templo, es un refugio del alma, un destino de lágrimas y de cantos, de silencios rotos por un “gracias” o un “te pido”.
Los correntinos la llevamos en la sangre. Porque la fe en María de Itatí no se explica, se siente. En los pueblos, en el campo, en la ciudad. Se transmite de generación en generación, como un secreto sagrado. Se la reza en la madrugada, en la siesta, en la orilla de los esteros o bajo el parral de una casa humilde. Se la invoca en el hospital, en los caminos de tierra, en la cocina familiar. Porque María está donde está el dolor, pero también donde está la esperanza.
“Como el río azul que besa tus pies
Después de rezar yo también me iré
Con tu bendición Virgen de Itatí"
Dice la canción de Los de Imaguaré. Porque no hay canto más profundo ni emoción más genuina que la que surge al hablar de Ella. En especial, cuando se acerca el tiempo de peregrinar.
Porque el correntino no solo cree, camina. Lo hace con los pies cansados y el alma entera. Con la cruz al hombro, con la foto del ser querido, con la ropa de un hijo enfermo, con el rosario de la abuela. Camina desde lejos, desde rincones perdidos, para cumplir su promesa.
Y el sanroqueño también es de esa estirpe. Fiel, devoto, de rodillas fuertes y corazón agradecido. Hay familias enteras que peregrinan cada año, en septiembre. Hay quienes lo hacen a pie, en bicicleta o a caballo. Y cuando llegan a la Basílica, no importa el cansancio, solo se llora. Porque al verla, allá arriba en su altar, con la mirada suave y los brazos abiertos, uno siente que todo vale la pena.
Itatí es símbolo. Es raíz. Es identidad. Para nosotros, los correntinos, es más que una advocación, es madre real. Y como toda madre, escucha. Y como toda madre, acompaña.
Por eso, en este 9 de julio, mientras recordamos a los hombres que hicieron libre a la patria, también recordamos a la Virgen que hace libre al alma. Porque quien se arrodilla en Itatí, se libera del egoísmo, del rencor, de la desesperanza. Porque en ese rincón de Corrientes, el pueblo se encuentra con su costado más humano y más divino.
Y allá va el sanroqueño, cada año, con la fe bien puesta y el corazón abierto. Con la mirada al frente y los pies polvorientos. Con el canto de Imaguaré en la garganta, y con una certeza grabada a fuego:
"Virgen de Itatí, madre mía, aquí estoy otra vez... porque sin vos, mi camino no tiene norte."






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