HORACIO "EL CURA QUE CAMINÓ CON NOSOTROS"

HORACIO "EL CURA QUE CAMINÓ CON NOSOTROS"

Llegó en pandemia, en tiempos de barbijos, miedos y distancias. Aun así, eligió estar cerca. No esperó que la gente lo busque: sacó al santo patrono a la calle y salió a caminar. Desde entonces, fue eso: un cura que caminó con nosotros, por nuestras calles, por nuestras angustias, por nuestras búsquedas.

El Padre Nelson Horacio Da Silva, más conocido como el Padre Horacio, se despide de nuestra comunidad luego de cinco años intensos como guía de la Parroquia San Roque de Montpellier. “Me voy feliz, pero con la sensación de que podía hacer mucho más”, dijo durante una entrevista que fue más que una charla, un abrazo y un agradecimiento público.

Recordó sus primeros días, cuando llegó como “cura suplente” y terminó quedándose por años. Y cuando todo estaba cerrado, propuso algo que marcaría su misión: abrir. Abrir la iglesia, abrir caminos, abrir corazones. Fue el impulsor de la procesión del santo en plena pandemia, llevando la imagen casa por casa, calle por calle. “Te juro que me abrazaban y no me querían soltar”, recordó emocionado.

Durante su tiempo en San Roque, no sólo ocupó un lugar en el altar, también en la calle, en las marchas, en las radios, en las redes. Enfrentó los ruidos molestos, la imprudencia, la droga. Fue voz incómoda cuando muchos callaban, y supo también recibir críticas, incluso ataques. “Me voy por la puerta ancha de San Roque”, dijo, sin rencores, pero con verdad.

Con los jóvenes también encontró su forma de llegar. En una de sus anteriores parroquias, condujo un programa de cumbia en una FM local. Lo hacía por ellos, para acercarse, para escuchar y estar presente: “Era una violación a mis oídos, pero entraba por donde a ellos les gustaba. Los chicos de la escuela me pedían temas, me gritaban desde el recreo. Eso también es evangelizar”, contó entre risas.

Porque evangelizar, para él, también fue eso: acercarse sin imponer, hablar desde lo humano, vivir con alegría. “Mostrame primero que sos un ser humano, y después tu religión”, dijo con firmeza. No se trata de un cura perfecto, sino de uno real. Cercano.

Y si algo repitió en varias oportunidades, fue el mensaje más profundo que quiso dejar en este tiempo:

“Dios ama. Dios nos mima. Dios es amor. No se dejen gastar por la droga, por el alcohol, por la fachita, por los apellidos. Vale la pena vivir”.

Sus perros, sus caminatas, su voz en los medios, sus luchas, su humanidad… todo formó parte de su paso por San Roque. Y cuando alguien deja tanto, no se lo despide: se lo guarda en la memoria colectiva.

Ahora lo espera Empedrado, con su historia y su Señor Hallado. Pero él no se va del todo. Prometió volver para las fiestas patronales. Y seguramente, en algún programa de radio o en alguna bendición espontánea, su voz volverá a sonar.

“Gracias por caminar con nosotros, Padre Horacio. Por mirar a los ojos. Por decir lo que muchos callaban. Por ser cura, pero también vecino”.