A UN AÑO DE LA DESAPARICIÓN DE LOAN: LA HERIDA QUE NO CIERRA
Loan Danilo Peña desapareció el 13 de junio de 2024 en un paraje rural de 9 de Julio, Corrientes. Tenía cinco años. Desde entonces, su rostro empezó a multiplicarse en redes, noticieros y celulares. En paralelo, se expandía la incertidumbre, el desconcierto y una herida que no cierra. Loan sigue sin aparecer, y las respuestas siguen sin llegar. Su nombre se convirtió en un grito colectivo, una pregunta sin respuesta que sigue doliendo: ¿dónde está Loan?
A un año del hecho, la comunidad vive atravesada por la incertidumbre, por la bronca y el desconcierto. Para conocer desde adentro cómo se siente este tiempo en el pueblo, conversamos con Jorge Ruiz, periodista y vecino de 9 de Julio, quien ha seguido el caso desde el primer momento.

“Nosotros vivimos a pocas cuadras de la casa de la familia de Loan”, cuenta Jorge. “Era un nene más del barrio, la familia es conocida por todos. Y desde ese 13 de junio, nada volvió a ser igual. La herida más grande está en la madre. Se nota que la procesión va por dentro, pero se le ve en la mirada, en el cuerpo, en todo. Es una madre atravesada por una pérdida inimaginable. La ves caminando por el pueblo, pero es como si no estuviera; ida, desgastada, quebrada. Y uno, como vecino, intenta acompañar sin invadir. Es imposible imaginar su dolor.”
Sobre los cambios en la localidad, Ruiz señala que hubo transformaciones profundas en las rutinas cotidianas. La desaparición de Loan no solo impactó en la familia, sino que fracturó algo profundo en la comunidad. La confianza, la rutina, la idea de que algo así no podía pasar en un lugar tan chico. “Después de lo que pasó con Loan, se empezó a mirar distinto. Hay más cuidado con los chicos, más desconfianza incluso dentro de la propia familia. Nos dimos cuenta de que nadie está exento, que la vulnerabilidad es real. Cambió la forma en que nos movemos, en que cuidamos, en que pensamos, porque lo más doloroso de todo esto es que todo ocurrió en un contexto familiar. Y eso rompe con el todo.”

Jorge también reflexiona sobre las fallas en el operativo inicial y las decisiones que marcaron el rumbo de la investigación. “Muchos criticamos que no se haya hecho un cerrojo de seguridad en los caminos rurales. Se desaprovechó ese primer momento clave. Y lo peor es que todo esto ocurrió en un día especial, cuando había fiestas patronales en varias localidades cercanas. Mucha gente yendo y viniendo. Todo eso, más que casual, parece parte de algo planificado.”
Desde su rol de comunicador, pero también como padre y ciudadano, Ruiz no oculta su angustia: “Esto nos sobrepasó. Al principio todos pensábamos que el nene se había perdido. Un chico en el campo, lejos de su casa... era lógico creer que podía haber pasado eso. Pero corrían las horas, los días, y nada y con el nivel de rastrillaje que hubo, era imposible que no apareciera. Ahí empezamos a darnos cuenta de que algo mucho más grave había pasado, algo muy oscuro.”

La experiencia marcó a todos. “Hoy pienso mucho en el poder, en las cosas que se esconden. ¿Qué hilos se mueven para que, a un año, no tengamos ni una certeza? Acá se ensució la cancha desde el principio. Y lo más duro es esa sensación de que puede pasarle a cualquiera. Loan representa la inocencia de todo un pueblo, y eso es lo que duele.”
En medio de tanta confusión y dolor, Jorge deja una reflexión necesaria: “Estamos viviendo tiempos difíciles. Tenemos que aprender a exigir más, a mirar a quienes elegimos para gobernar, a no naturalizar lo que nos rompe. Loan podría haber sido cualquiera. Lo de él no fue un caso más: fue un antes y un después. Y por eso seguimos pidiendo justicia. Porque no tenemos certezas, pero sí un dolor que no se va. Por eso no hay que callarse. Hay que seguir preguntando. Hay que seguir buscando.”






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